¿Por qué pinto?
” Hay dos géneros de artistas: los que pintan para hacer cuadros y los que, más honrados, pintan para aprender a pintar.” André Lhote.
Este va en español, mi gente.
Así he nacido, así vivo, mezclando idiomas y formas en el aprendizaje de una existencia que se me antojaba barroca desde principios. Claridad en las ideas, clamaban los maestros de primaria. Fluidez, acotaban los de secundaria. Unicidad del mensaje para un público no entendido, vaticinaban los catedráticos de la universidad al releer mis primeros ensayos.
El arte, mi gente, no es claro ni fácil, ni obscuro ni difícil. En este tiempo en el que la generación más joven despuntó por primera vez en la historia con habilidades cognitivas inferiores a las de sus predecesores, en esta época en la que, gracias a la inteligencia artificial, todo es más fácil, se nos propone la potabilización del mensaje y la unicidad del estilo para no confundir al espectador.
Hoy me declaro soldado de la causa perdida de ser auténtico, de no claudicar ante la banalidad y el mal gusto. La creación es fruto de la lucha interna, de lo sugerido más que de lo implícito. Dejemos tales recursos para la comunicación social, el diseño gráfico o el arte de la ilustración.
Elijo como siempre la bruma de lo inexplorado, la sensación de lo incierto y el eterno sentido de la duda. Y si notas mis palabras cargadas de profundo lirismo, cargadas de más interrogantes que de respuestas, entonces he dado en el clavo.
Solo tengo por cierto que la existencia no está definida, sino sugerida. Que cada quien la interpreta según su circunstancia. El arte que propongo es el de la multiplicidad de interpretaciones y no el de la unidad del significado.
Elijo este discurso entrecortado sobre la pulida y apelmazada gramática de la IA.
Elijo ser enrevesado y auténtico aunque cueste toda una existencia.






